JOSÉ RAQUEL MERCADO (1913-1976): UN LEGADO ENTRE SOMBRAS

En los últimos años, el nombre de José Raquel Mercado ha sido invocado para señalar los crímenes cometidos por el M-19 en el marco del conflicto armado. A falta de las numerosas masacres, secuestros y atentados terroristas perpetrados por las otras guerrillas, los detractores del M-19 y de sus desmovilizados recuerdan con insistencia su asesinato a manos de esta organización en 1976. Sin embargo, poco se habla sobre la vida de José Raquel Mercado, el líder sindical más importante en la historia de Colombia en el siglo XX. 

Nació en Cartagena en 1913. Siendo muy joven comenzó a trabajar como bracero en los muelles del Terminal Marítimo y fue allí donde comenzó su carrera dentro del movimiento sindical. Se vinculó a la Federación de Trabajadores de Bolívar, una filial de la Confederación de Trabajadores de Colombia (CTC). Pronto comenzó a escalar posiciones al interior del sindicato a pesar de carecer de educación formal. Para 1944, de acuerdo a reportes de inteligencia del Consulado de los Estados Unidos en Cartagena, Mercado ya era miembro del sub-comité directivo del Sindicato del Río Magdalena y asesor del sindicato de la ANDIAN, una empresa de petróleos canadiense que operaba en la ciudad. Según el reporte, elaborado en 1947, se creía que Mercado era partidario del comunismo. En aquel entonces, al filo de la Guerra Fría, se temía que los comunistas infiltraran las filas de los sindicatos y del Partido Liberal para incidir en la política nacional.  

Lo cierto es que con los años Mercado tomó distancia del comunismo. De hecho, en 1960, facilitó la expulsión de los sectores comunistas dentro de la CTC, y en 1963, firmó un “pacto anticomunista” con la Unión de Trabajadores de Colombia (UTC). Para él, se trataba de mantener la independencia del movimiento sindical frente a la posible infiltración del comunismo internacional. En una alocución en 1963, Mercado condenó los supuestos intentos por parte de los comunistas latinoamericanos por convertir al Mar Caribe en un «lago soviético» al servicio de los intereses del Kremlin. En consecuencia, denunció el giro hacia el comunismo de la Revolución Cubana y se mostró partidario del golpe de Estado en contra de Jacobo Árbenz en Guatemala. 

Entre los años 60 y 70, Mercado ascendió rápidamente en la vida pública nacional. Fue miembro de la Cámara de Representantes por varias legislaturas y representó a Colombia y a los trabajadores ante la Organización Internacional del Trabajo en Ginebra. También fue parte de la Junta Directiva del Banco Popular. En Cartagena seguía siendo reconociendo entre las capas populares. En repetidas ocasiones llamó la atención sobre sus problemas, incluyendo el déficit de vivienda y el alto costo de los víveres. En 1964, vecinos del barrio Blas de Lezo se enfrentaban a la posibilidad de ser desalojados por parte del Instituto de Crédito Territorial debido al retraso en el pago de las cuotas mensuales. Los vecinos acudieron a José Raquel Mercado -que por ese entonces actuaba como presidente de la CTC- para que interviniera a su favor. Mercado atendió al llamado. Días después, el Instituto públicamente descartó el desalojo. Es incierto hasta que punto la decisión obedeció a la intervención de Mercado, pero está claro que los cartageneros le veían como un líder próximo que podía interceder por ellos ante las autoridades nacionales. 

La figura de Mercado no estaba libre de controversias. A inicios de los años 70, cuando algunos sindicatos procuraban guardar distancia del gobierno, él seguía trabajando de cerca con el poder. Esto le trajo enemigos tanto al interior de su sindicato como por fuera. Finalmente, el 15 de febrero de 1976, Mercado fue secuestrado por los «Comandos Simón Bolívar y Camilo Torres Restrepo» del M-19. En un comunicado de dos páginas lo acusaron de «traición a la patria, a la clase obrera y de enemigo del pueblo». La guerrilla convocó a organizaciones gremiales, estudiantiles, religiosas y grupos de izquierda para que determinaran si era culpable o no. Se plantearon 11 preguntas basadas en los cargos formulados y una vez la ciudadanía dictara su veredicto, el M-19 se comprometía a acatar la orden de lo que llamaban «la justicia popular revolucionaria». Mientras tanto, quedaría detenido en calidad de preso político. La ciudadanía debía «depositar» su voto de SÍ o NO en las paredes. Pronto aparecieron en las paredes grafitis condenatorios o en su defensa en las principales ciudades del país. La CTC hizo su propia campaña a través de carteles exigiendo la liberación de su líder. 

El 19 de abril de 1976, tras 64 días en cautiverio, José Raquel Mercado fue asesinado. Su cuerpo fue abandonado en  una glorieta de la calle 63 con carrera 50 en Bogotá. Jaime Bateman Cayón, líder del M-19, justificó el asesinato en esta declaración:

«La decisión de ajusticiarlo la sometimos al veredicto popular. La gente escribió en las calles sí; escribió no; la CTC hizo una gran campaña de carteles para que no lo fusiláramos; los sindicatos discutieron el asunto; algunos miembros de la CTC dijeron incluso, públicamente, que a Mercado había que ajusticiarlo… Él estaba entregado totalmente al imperialismo. En el interrogatorio que le hicimos reconoció que trabajaba para los norteamericanos, que recibía de ellos cuantiosos cheques.»

De esta manera culminó la vida de José Raquel Mercado, uno de los líderes políticos más importantes del Frente Nacional y uno de los cartageneros más prominentes de la vida pública nacional. Su legado sigue entre sombras. Se sabe muy poco sobre sus años formativos en el sindicalismo en Cartagena, y muchos menos sobre su incidencia en la vida política local. Tampoco sabemos nada sobre la percepción que se construyó en torno a la figura de Mercado, que siendo un hombre negro y de extracción humilde, llegó a ocupar cargos de representación y de liderazgo político a nivel nacional. 

Es necesario estudiar la vida y obra de José Raquel Mercado, más allá de los esencialismos que lo reducen a un traidor o del abuso de su memoria por parte de sectores de la derecha que invocan su nombre para deslegitimar a otros actores políticos. La justicia, que para él fue impartida con ligereza, también obra a través del estudio de la Historia.

Un dato curioso: 

Como si se tratara de una suerte de justicia divina, aún después de su muerte, algunos acuden a José Raquel Mercado para que les brinde ayuda. Su tumba en el Cementerio Central de Bogotá se ha vuelto un lugar de veneración. Los visitantes le depositan flores y le echan agua a su busto a cambios de favores.

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Todavía no existen estudios biográficos sobre José Raquel Mercado. Investigaciones sobre el sindicalismo durante el Frente Nacional, al igual que algunos trabajos sobre la formación del movimiento obrero en el departamento de Bolívar durante los años 30 y 40, revelan detalles sobre su vida. Algunos de estos trabajos fueron utilizados para reconstruir este esbozo sobre su figura, al igual que notas de prensa del Diario de la Costa El Universal, ambos periódicos de Cartagena. 

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